No sé que pretenden de mí: qué me ponga a gritar desaforadamente?, qué en un ataque de furia destruya la cama?, qué queme el colchón?, qué arranque las cortinas?
Sería una buena página para sus fichas clínicas, pero no estoy dispuesta a darles el gusto.
Todavía no entendieron que la verdadera locura es la silenciosa, la quieta, la que no deja sastros visibles.
Son demasiado imberbes para comprender. Pobres desquiciados.
Son como ratas de laboratorio. Yo soy su laberinto. No se dan cuenta que no existirían sin mí.
Juguemos un rato más.
miércoles, 16 de julio de 2008
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